jueves, 18 de diciembre de 2014

El infierno de la obsecuencia

Dante y Virgilio se asoman «desde la roca
más saliente». Ilustración de Gustave Doré para el
pasaje de la Divina Comedia sobre los aduladores.

Por Fernando G. Toledo

ante Alighieri no parece haber dudado cuando decidió colocar a los obsecuentes en el Infierno de su Comedia. Condenados a uno de los sacos más asquerosos de todo su paisaje infernal, el poeta italiano imagina a los aduladores mezclados, hundidos, confundidos ya con los desechos humanos, en una cloaca tan profunda que para ver en su interior hay que asomarse desde «la roca más saliente». Por supuesto: a las heces se las oculta, se las tapa y entierra. Nadie quiere verlas ni olerlas, ni siquiera los demonios del infierno.

Está claro que el divino poeta siente un asco visceral por la obsecuencia y es por ello que se permite, en el Canto XVIII en el que aparecen los aduladores, variar la tonalidad de sus versos e incorporar palabras que provoquen estridencia y repugnancia. Por ejemplo: «Y a poco que empecé a observar atento, / vi a uno con tanta mierda en la cabeza, / que si era laico o fraile no comento» (*). Tan sumergido en excrementos está el adulador al que Dante y Virgilio observan que no pueden siquiera advertir si cuenta con todo su cabello o (muy probablemente) tiene la marca de la tonsura por ser miembro de la curia.

Cualquiera que haya atestiguado la lisonjería, la sumisión irrestricta de un adulador o una aduladora, puede haber sentido la misma repulsión que el Dante. Quizá porque de todos aquellos con los que debemos convivir –en nuestras relaciones sociales y sobre todo en los trabajos– los obsecuentes sean los que más rápido entran en esa categoría que los argentinos, muy poéticamente, solemos llamar mierdas de persona.

Pero ya Cicerón había advertido que los obsecuentes no existen porque sí: «Aquel que presta más oído a las lisonjas es el mismo que es más dado a halagarse a sí mismo y que más se deleita en su persona». Y, ciertamente, si bien quitamos la vista, asqueados, de los aduladores y chupamedias, casi nunca hacemos lo propio con los que se dejan rodear y «endulzar» con las palabras, actos y movimientos serpenteantes de esos que lamen sus retaguardias para siempre obtener algo, sea lo que fuere. Aquellos que se solazan o siquiera toleran a los que, bajo su dominio, se desviven por darles la razón, soban sus vanidades o acatan acríticamente sus decisiones, los adulados, al fin, parece que tuvieran atrofiados los sentidos: anestesiados por las lisonjas que ciertas lenguas esparcen con azúcar (la imagen, por supuesto, es de la Divina comedia) no son capaces de advertir que los favores que devuelven a cambio de esa obsecuencia no sirven para otra cosa que para alimentar un mismo fermento putrefacto.

Quién sabe qué bolsa del infierno dantesco habrían ocupado los que viven y gozan con la lisonja. Acaso fuera otra letrina en la que se hundirían, sólo que esta vez llena de una mierda sin olor. Y seguramente no habría siquiera un lugar para asomarse y ver cuán llenas están de ese excremento sus cabezas. 


Ilustración de Stradanus inspirada en la visión
de Dante Alighieri de los aduladores.
(*) Las versiones al español de los versos de La divina comedia son de Sergio Albano.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Philip Larkin (1922-1985) - Que este sea el verso

Philip Larkin, retrato de GForce7.

Que este sea el verso

por Philip Larkin

Tu vieja y tu viejo te están cagando.
Podrían evitarlo y no es así.
Con sus mismas fallas te van cargando
Y con alguna más, sólo por ti.

Ellos antes también fueron cagados 
Por idiotas de gorro y saco antiguo,
Tipos que eran a veces moderados
Y otras ahorcaban el cuello contiguo.

Pura miseria es lo que el hombre cede,
Como un muelle se hunde poco a poco.
Escápate de allí, ahora que puedes
Y no tengas un hijo tú tampoco.



© Versión al español: Fernando G. Toledo



This Be The Verse

by Philip Larkin

They fuck you up, your mum and dad.
They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had
And add some extra, just for you.

But they were fucked up in their turn
By fools in old-style hats and coats,
Who half the time were soppy-stern
And half at one another's throats.

Man hands on misery to man.
It deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can,